Cirugía Hepatobiliopancreática HM Delfos

La cirugía hepatobiliopancreática es la especialidad que estudia y trata las patologías del área anatómico-funcional de la vesícula, el hígado, el páncreas y las vías biliares que requieren de cirugía. En la vesícula, el hígado, la vía biliar y el páncreas pueden producirse algunas enfermedades, por ello, nuestros servicios están dirigidos a los pacientes que padezcan patologías en alguna de estas áreas.

Vesícula

La vesícula biliar es un órgano localizado bajo el hígado. Almacena bilis, un líquido producido por el hígado para contribuir a la digestión de las grasas. Cuando el estómago y el intestino digieren la vesícula biliar libera bilis por medio de un tubo llamado conducto biliar. La vesícula puede padecer las siguientes afecciones:

Piedras vesiculares (Colelitiasis)

La colelitiasis, litiasis biliar o comúnmente denominada “piedras vesiculares”, es una enfermedad vesicular frecuente. Consiste en la presencia de barro o de uno o más cálculos en la vesícula.

Los cálculos o piedras son depósitos sólidos que se forman y acumulan en la vesícula. Pueden estar formados por sales, colesterol, bilirrubina etc. y ser de distintos tamaños. Si bloquean la salida de la vesícula, se produce un cólico biliar.

La prevalencia de la colelitiasis es mayor en el sexo femenino y sobretodo en personas mayores de 50 años. Algunos factores de riesgo para padecer piedras en la vesícula son la cirrosis, antecedentes familiares, obesidad o diabetes, pérdidas bruscas de peso o anticonceptivos orales.

Algunos síntomas de las piedras vesiculares son dolor súbito e intenso que puede irradiar hacia el hombro o el omóplato (cólico), náuseas y/o vómitos, digestiones pesadas, fiebre y escalofríos, e ictericia (coloración amarillenta de piel y mucosas).

El diagnóstico de las piedras en la vesícula se realiza mediante analíticas de sangre y orina, así como mediante pruebas de diagnóstico por imagen (TAC, ecografía).

El tratamiento dependerá de la gravedad de la afección. En los casos más leves se optará por realizar un seguimiento para ver cómo avanza la situación, y en casos más graves, se realizará cirugía.

La cirugía para tratar las piedras vesiculares consiste en una extracción de estas mediante laparoscopia. Aunque la laparoscopia es un método mínimamente invasivo, la cirugía puede tener algunos riesgos.

Los riesgos pueden ser debido a la anestesia (reacciones, problemas respiratorios, infecciones, sangrados) o al procedimiento quirúrgico (daños en los vasos sanguíneos hepáticos, lesiones al intestino o al conducto colédoco, o pancreatitis).

Por otra parte, si es preciso tratar los cálculos vesiculares y no se hace, se pueden presentar complicaciones. Algunas de ellas son infección e inflamación grave de la vesícula u órganos colindantes, recaídas y empeoramiento de los cólicos impredecibles, obstrucciones, ictericia, cambios en la coloración de la orina y las heces (orina oscura y heces pálidas) y también pancreatitis cuando estas litiasis acceden al propio páncreas. 

Pólipos vesiculares

Los pólipos de la vesícula biliar (PVB) son masas de células que aparecen en la mucosa de la vesícula. Se pueden clasificar en pseudopólipos (no son neoplasias, por ejemplo, pólipos de colesterol) y pólipos verdaderos (neoplasias benignas, también denominada miomatosis, o malignas), en grandes o pequeños, y en estrechos o anchos en su base.

Algunos factores de riesgo para padecer pólipos vesiculares es ser mayor de 60 años, y presentar piedras vesiculares.

Los pólipos vesiculares generalmente son asintomáticos por si solos, pero pueden producir dolor en la zona del hipocondrio (en el lado derecho del abdomen, bajo las costillas) si van acompañados de piedras.

Los pólipos de la vesícula biliar se diagnostican mediante pruebas de diagnóstico por imagen como las ecografías, TAC o resonancias magnéticas.

El tratamiento de los pólipos puede ser conservador (realizando observación y seguimiento de su desarrollo en casos leves y/o asintomáticos) o quirúrgico en casos más graves.

El tratamiento es quirúrgico. Puede realizarse una extracción de los pólipos u optarse por la colecistectomía, una intervención quirúrgica en la que se procede a la extirpación de la totalidad de la vesícula.

Cáncer de Vesícula

El cáncer de vesícula es un tipo de cáncer infrecuente que sucede cuando existe un crecimiento anormal de las células del revestimiento de la vesícula por mutaciones genéticas. Su prevalencia es mayor en mujeres, en personas de edad avanzada y en aquellas con antecedentes de otros trastornos biliares.

Aunque en las primeras etapas puede ser asintomático, el cáncer vesicular puede provocar dolor en la parte superior derecha del abdomen, hinchazón, fiebre, náuseas, adelgazamiento e ictericia.

El diagnóstico de este cáncer se realiza mediante analítica sanguínea con marcadores y pruebas de diagnóstico por imagen como ecografías, tomografías computarizadas o resonancias magnéticas. Para conocer el área de extensión del cáncer también se podrá llevar a cabo cirugía exploratoria.

En lo referente al tratamiento, pueden diferenciarse dos opciones. Para casos más leves se procederá a realizar una colecistectomía (extirpación de la vesícula), mientras que en casos más graves, con extensión del cáncer, se deberá realizar la colestectomía y realizar sección de los conductos biliares y las partes del hígados afectadas.

La cirugía, como en otros casos de patologías oncológicas, podrá ser complementada con neoadyuvancia. 

Colesterolosis

La colesterolosis es un cambio en las paredes de la mucosa vesicular y los vasos sanguíneos debido a una acumulación anormal de macrófagos cargados de colesterol y otros lípidos. Se considera una disfunción de la absorción colesterol en la bilis su causa más posible.

Colecistitis

La colecistitis es una inflamación de la vesícula. Se puede producir por una obstrucción a causa de cálculos vesiculares que hacen que la bilis se acumule, así como por otras causas como tumores, problemas en los vasos sanguíneos o infecciones.

Algunos síntomas de la colecistitis son dolor intenso en la zona superior derecha del abdomen (que puede irradiar hacia el hombro), sensibilidad al tacto, náuseas y/o vómitos y fiebre.

Además, la colecistitis puede presentar complicaciones como infecciones, necrosis (frecuente en personas de edad avanzada o con diabetes), o perforaciones de la vesícula.

El diagnóstico de la colecistitis se realiza mediante analítica sanguínea, pruebas de diagnóstico por imagen (ecografías y tomografía computarizada), así como mediante gammagrafía hepatobiliar.

Existen diversas opciones de tratamiento de la colecistitis según su causa y gravedad. Tanto el tratamiento con antibióticos como la cirugía son tratamientos efectivos. Actualmente con la experiencia necesaria, se opta por el tratamiento quirúrgico porque al ser el único tratamiento definitivo evitará la aparición de nuevas complicaciones (otro episodio de colecisitis, pancreatitis o colangitis). La cirugía podrá consistir en la extracción por vía laparoscópica de la vesícula con las piedras. 

Vesícula escleroatrófica

La vesícula escleroatrófica, es una patología de la vesícula en que debido a inflamación recurrente o crónica, esta disminuye de tamaño, y su pared, fibrosa, produce que se retraiga. Es como cuando la uva se convierte en pasa. La vesícula queda inflamada, cicatricial, disminuida de tamaño y arrastra al resto de órganos que la rodean. Es una situación de gran dificultad quirúrgica y solo con la experiencia necesaria y en los casos que lo requieran deberá ser operada. 

Vesícula en porcelana

La vesícula en porcelana o de porcelana recibe su nombre por tratarse de una vesícula en que aparecen calcificaciones (acumulación de calcio) extensas en la pared de la vesícula. Es una afección rara, que aparece sobretodo hacia la sexta década de vida y con mayor prevalencia en las mujeres.

Se diagnostica mediante pruebas de diagnóstico por imagen o laparoscopia y su tratamiento es quirúrgico, ya que es un importante factor de riesgo para contraer cáncer de vesícula. 

Gorro frigio

El gorro frigio en medicina se trata de una anomalía vesicular muy frecuente que consiste en un pliegue en la pared de la vesícula con angulación en el fondo del ojo de la vesícula. 

Recibe su nombre por su similitud con la forma de un sombrero que utilizaban los frigios, antigua civilización de Anatolia. 

Se puede diagnosticar mediante pruebas de diagnóstico por imagen como las ecografías, sin embargo puede confundirse con piedras. 

Su tratamiento es quirúrgico, apostando por la extirpación de vesícula para evitar problemas en el flujo de la bilis.

Barro biliar

El barro o lodo biliar (o arena en la vesícula), se produce cuando la vesícula no logra vaciar la bilis de forma normal y el colesterol y las sales se acumulan en la vesícula, espesando la bilis.

Aunque puede no comportar graves problemas, sí puede dificultar la digestión y aumentar el riesgo de formación de piedras. 

Puede ser asintomático pero algunos de los síntomas que puede producir son dolor abdominal en la parte derecho, náuseas y/o vómitos, heces con apariencia de barro, pérdida de apetito, flatulencias o distensión abdominal.

Existe mayor prevalencia o riesgo de presentar barro biliar en mujeres y personas con diabetes, cambios de peso (pérdida o ganancia), trasplantes de órganos, que han tenido múltiples partos o que toman anticonceptivos. 

El diagnóstico del lodo biliar puede realizarse mediante exploración física, así como de pruebas de ultrasonido, resonancia magnética o tomografía computarizada.

Normalmente, sobretodo si no existen síntomas, la situación podrá solucionarse con el seguimiento de una dieta baja en grasas, colesterol y sal. 

En casos en que se hayan observado piedras, o la sintomatología sea más grave, se podrá realizar cirugía profiláctica para evitar el bloqueo de las vías biliares.


Hígado

El hígado es el mayor órgano del cuerpo en tamaño. Su está situado en la parte superior derecha del abdomen. Segrega bilis, una sustancia esencial para la digestión de las grasas, la síntesis de proteínas, el almacenamiento de vitaminas y también de función desintoxicante. Es responsable de eliminar de la sangre sustancias que pueden ser nocivas, como el alcohol. 

El hígado puede presentar las siguientes afecciones:

Quiste hepático simple 

Los quistes hepáticos simples son lesiones benignas que consisten en cavidades rellenas de líquido en el interior del hígado. Aunque se desconoce su causa concreta, se cree que puede ser congénita, por otras afecciones o por infección parasitaria. Son más frecuentes en el sexo femenino.

Aunque generalmente suelen ser asintomáticos si son pequeños, si son grandes pueden generar dolor o molestias, saciedad o comprimir otras zonas colindantes, torsionarse o sangrar. Si hay muchos estaríamos hablando de enfermedad hepática poliquística.

Su diagnóstico se realiza mediante pruebas de diagnóstico por imagen(ecografía, tomografía computarizada o resonancia magnética).

Si no son múltiples o grandes o no causas molestias, no es necesario tratamiento, sin embargo, si lo son, se deberá proceder mediante drenaje o extirpación de los quistes quirúrgicamente.

Quiste hidatídico

El quiste hiatídico o hiatidosis es un quiste que se produce por la infección de larvas de tenia por posible transmisión desde cánidos o roedores. Las larvas liberan oncoesferas que penetran en la pared intestinal y migran por la circulación sanguínea hasta alojarse en los órganos, como el hígado. Esto puede producir sensación de tumoración palpable, molestias abdominales e ictericia.

Los quistes hiatídicos pueden destruir el tejido colindante, y de romperse y liberarse su contenido (líquido y larvas) pueden diseminar la infección por el peritoneo. Algunos de los síntomas de esta diseminación son fiebre, urticaria, reacciones anafilácticas graves e insuficiencia hepática.

El diagnóstico de los quistes hidatídicos puede realizarse mediante pruebas de diagnóstico por imagen (tomografía computarizada, resonancia magnética o ecografía), pruebas serológicas, o por examen de líquido del quiste.

El tratamiento puede consistir en cirugía laparoscópica para extraer el quiste o en la aspiración percutánea.

Cistoadenoma de hígado

El cistoadenoma de hígado, biliar o hepatobiliar (CAB) es un tipo de tumor quístico, benigno y no parasitario infrecuente. En el 80-85% de los casos aparecen en el interior del hígado, pero también pueden afectar a las vías biliares y a la vesícula.

Su prevalencia es mayor en mujeres y en la quinta década de vida. Sus principales síntomas son distensión abdominal, masa palpable, dolor, ictericia y obstrucción biliar.

El diagnóstico de esta afección se realiza mediante pruebas de evaluación por imagen y el tratamiento consiste en la resección de estos tumores para evitar su transición a la malignidad.

Hiperplasia nodular focal

La hiperplasia nodular focal (HNF) es una lesión benigna muy frecuente. Su prevalencia es predominantemente en mujeres de edad joven (30-50 años).

Se considera que puede originarse como respuesta a un aumento del flujo arterial, por malformación adquirida o congénita, y que los anticonceptivos pueden influir en su crecimiento.

Las tumoraciones pequeñas pueden resultar asintomáticas, pero las mayores de 4 cm pueden ser responsables de provocar dolor abdominal por compresión en órganos cercanos o hemorragias.

El diagnóstico de esta afección se realiza mediante pruebas de diagnóstico por imagen (tomografía computarizada, resonancia magnética).

El tratamiento es en un inicio conservador, pero puede realizarse embolización arterial, un procedimiento para tratar vasos sanguíneos anormales.

Hemangioma

Un hemangioma es una masa anormal, pero benigna, en el tejido hepático, compuesta por una acumulación de vasos sanguíneos. Tienen mayor prevalencia en las mujeres y entre la tercera y la quinta década de vida.

Aunque su causa no está clara, se cree que puede ser congénita o estar fuertemente relacionada con las hormonas femeninas, concretamente el estrógeno. Esto se cree debido a la correlación aparente entre el embarazo, la terapia hormonal o la edad y la aparición de esta afección. 

Generalmente no suelen dar síntomas, pero si son grandes o múltiples pueden producir dolor en la parte derecha del abdomen, sensación de saciedad y náuseas y/o  vómitos.

Su diagnóstico se realiza mediante pruebas de diagnóstico por imagen (ecografías, tomografías computarizadas, resonancias magnéticas).

De producir síntomas no es necesario tratamiento. En casos con sintomatología, existen diversos tratamientos para eliminar el hemangioma.

En primer lugar, se puede realizar la extracción del hemangioma mediante cirugía.

También se puede proceder a realizar cirugía para detener o reducir el flujo sanguíneo al hemangioma.

En los casos de hemangiomas grandes que comprometan una parte o la totalidad del hígado, la intervención consistirá en la extirpación de una parte del hígado con el hemangioma o una cirugía de trasplante hepático.

Finalmente, la aplicación de radioterapia también puede ser de ayuda, ya que los haces de energía que se aplican pueden dañar las células del hemangioma.

Hepatocarcinoma

El hepatocarcinoma es el tumor de hígado maligno más común (se considera que en España se realizan entre 5000 y 8000 nuevos casos cada año).

Suele aparecer como consecuencia de una enfermedad hepática de larga duración, normalmente hepatitis crónica.

La hepatitis B y C pueden causar tipos de cirrosis, como el alcohol, que pueden facilitar la aparición de hepatocarcinomas.

Generalmente pueden no presentar sintomatología hasta etapas avanzadas. 

En los hepatocarcinomas pequeños, se pueden bloquear las vías biliares y presentarse ictericia, o causar hemorragias.

En los casos más avanzados, si el tumor es grande, puede causar cansancio intenso, falta de apetito, pérdida de peso sin causa aparente, dolor en el lado derecho del abdomen bajo las costillas, así como picores.

El hepatocarcinoma se diagnostica mediante pruebas de diagnóstico por imagen como ecografía, escáner, TAC o resonancia magnética. Asimismo puede tomarse una biopsia hepática.

El tratamiento del hepatocarcinoma se puede realizar mediante cirugía (extirpación del tumor o cirugía de trasplante hepático). 

Otras terapias pueden ser la ablación por radiofrecuencia o la embolización (inyección con sustancias bloqueadoras del flujo sanguíneo hacia el tumor).

Metástasis hepática

Una metástasis hepática es un cáncer diseminado en el hígado desde otra parte, es decir, no se origina en el hígado pero llega a él. Los cánceres que pueden diseminarse en el hígado son el de mama, el colorrectal, el esofágico, el pulmonar, el pancreático o el gástrico.

El cuadro clínico de la metástasis hepática puede presentar la siguiente sintomatología:

● Disminución del apetito.

● Fiebre y/o sudoración.

● Ictericia.

● Náuseas.

● Confusión.

● Dolor en la parte derecha del abdomen.

● Pérdida de peso.

El diagnóstico de la metástasis hepática se puede realizar mediante pruebas de diagnóstico por imagen (tomografía computarizada, resonancia magnética, ultrasonido). Otras formas de evaluación de la metástasis hepática son las pruebas de función hepática o la biopsia de hígado.

En lo referente al tratamiento, este puede realizarse, mediante cirugía para extirpar la zona afectada, o aplicarse quimioterapia sistémica o quimioembolización (quimioterapia focal).

Otros tratamientos pueden ser las inyecciones de etanol, la ablación por radiofrecuencia o microondas (según si se aplica calor o rayos) o la crioterapia (aplicación mediante sonda de sustancias que forman cristales de hielo). Todas estas opciones destruyen las células cancerosas. 


Vía Biliar

Las vías biliares son un conjunto de conductos intra y extrahepáticos por los que pasa la bilis producida en el hígado hasta desembocar en el duodeno. Las vías biliares pueden presentar las siguientes afecciones:

Coledocolitiasis

La coledocolitiasis es la presencia de cálculos en los conductos biliares (colédocos) a través de los cuáles la bilis producida en el hígado, o almacenada en la vesícula se dirige al intestino delgado (al duodeno). La ocupación de estos conductos puede ser total o parcial.

La coledocolitiasis es más frecuente en las mujeres y su riesgo aumenta a medida que avanza la edad. Otros factores de riesgo para sufrirla, son anteriores operaciones de vesícula o extracción de cálculos, antecedentes familiares, embarazo, obesidad, estrógenos, pérdida de peso, diabetes o cirrosis. 

La coledocolitiasis puede ser asintomática en casos leves de obstrucción, pero también puede producir síntomas tales como dolor en la parte derecha del abdomen, ictericia, coluria (color oscuro de la orina). Si se produce infección en la bilis (colangitis) los síntomas serían además malestar general, fiebre y escalofríos.

También puede condicionar la presencia de pancreatitis.

El diagnóstico de la coledocolitiasis puede realizarse mediante exploración física y análisis de sangre, seguidos de pruebas de diagnóstico por imagen (ecografía de abdomen, resonancia magnética o ecoendoscopia).

El tratamiento de la coledocolitiasis puede abordarse desde varias opciones:

Se puede tratar mediante endoscopia con radiología, mediante una esfinterometría (la ampliación del orificio que conecta las vías biliares con el duodeno), una dilatación con balones, la fragmentación de los cálculos o la extracción de estos mediante cirugía. 

Hoy en día la exploración quirúrgica de la vía biliar por laparoscopia es un procedimiento seguro que puede evitar la realización de un procedimiento endoscópico.

Estenosis

La estenosis biliar consiste en un estrechamiento anormal de las vías biliares. A menudo puede ser causada por una lesión tras una cirugía de la vesícula, pero también puede aparecer tras un cáncer, por cálculos biliares o pancreatitis. 

Los síntomas de la estenosis biliar son los siguientes:

● Dolor abdominal en la parte derecha del abdomen.

● Escalofríos.

● Picazón.

● Fiebre.

● Malestar general.

● Ictericia.

● Pérdida de peso.

● Náuseas y/o vómitos.

● Heces pálidos o de color arcilla.

El diagnóstico se puede realizar mediante endoscopia, resonancia magnética y exámenes de sangre para controlar los niveles de bilirrubina y lipasa.

El tratamiento tiene como objetivo corregir el estrechamiento. Esto puede hacerse mediante cirugía o dilatación endoscópica mediante la colocación de un stent.

Colangitis

La colangitis es una infección de las vías biliares. Suele tener un origen en una infección bacteriana o en el bloqueo que produce un cálculo biliar. 

Algunos síntomas de la colangitis son dolor en la parte derecha del abdomen que puede irradiar hacia el omoplato o el hombro, fiebre y escalofríos, náuseas y/o vómitos, ictericia y orina oscura y heces claras.

Su diagnóstico puede realizarse mediante pruebas de diagnóstico por imagen como ecografía abdominal, endoscopia o resonancia magnética. Además, se pueden realizar pruebas tales como el conteo de glóbulos blancos, bilirrubina o enzimas hepáticas.

En todos los casos es necesario el uso de antibióticos para curar la infección y en casos más graves, se procederá a la cirugía, siempre tras haber tratado la infección.

Colangiocarcinoma

El colangiocarcinoma es un cáncer que aparece en los estrechos conductos de las vías biliares. Este cáncer de las vías biliares es poco frecuente y su prevalencia es mayor en personas mayores de 50 años.

Dependiendo de su localización se puede clasificar en intrahepático, hiliar (en el tramo biliar que se halla a la salida del hígado), o distal (más cercano al intestino delgado). Además de por mutaciones del ADN como otros cánceres, el colangiocarcinoma puede aparecer por problemas en las vías biliares congénitos, parásitos hepáticos, edad avanzada, enfermedad hepática crónica o tabaquismo.

Los síntomas del colangiocarcinoma comprenden los siguientes:

● Ictericia.

● Fatiga.

● Dolor abdominal.

● Adelgazamiento.

● Heces pálidas.

● Picazón intensa de la piel.

El diagnóstico del colangiocarcinoma puede realizarse mediante análisis de la función hepática, pruebas de marcadores tumorales, endoscopia, biopsia, tomografía computarizada o resonancia magnética.

En lo referente al tratamiento, este puede consistir en cirugía extirpatoria, trasplante de hígado, quimioterapia y/o radioterapia, terapia fotodinámica o drenaje biliar.

Tumor de Klatskin 

El tumor de Klatskin es un raro tipo de cáncer que se ubica en el revestimiento de los conductos biliares, concretamente en el punto en que ambos se unen. 

Entre las posibles causas que pueden generar este tumor encontramos enfermedades intestinales inflamatorias, anormalidades biliares congénitas, colangitis o exposición química.

Su diagnóstico se realiza generalmente mediante pruebas de diagnóstico por imagen como tomografía axial computarizada (TAC), ultrasonido o colangiopancreatografía endoscópica.

El tratamiento va dirigido a eliminar el tumor, pudiendo realizarse esto mediante una resección quirúrgica, unida a neoadyuvancia como quimioterapia y radioterapia. 

Clasificación Bismuth (1, 2 ,3 ,4)

La clasificación de Bismuth-Colette es una clasificación de las lesiones de la unión o confluencia de los conductos hepáticos, como el tumor de Klatskin.

La clasificación de Bismuth presenta los siguientes tipos:

● Tipo I: Tumor por debajo la confluencia.

● Tipo II: Compromiso en la confluencia.

● Tipo III A y III B: Compromiso en la confluencia y uno de los dos conductos.

● Tipo IV: Tumor en ambos conductos.

Ampulomas

Los ampulomas son tumores infrecuentes que se ubican en la parte en que el conducto biliar y el pancreático desembocan el duodeno, la papila de Vater. 

Las causas de los ampulomas no son claras, pero son más frecuentes en personas con poliposis adenomatosa familiar o con antecedentes familiares de cáncer de colon.

Los ampulomas pueden producir obstrucción de las vías biliares, por ello sus síntomas pueden ser los siguientes:

● Heces pálidas.

● Dolor abdominal.

● Picores.

● Anemia crónica.

● Pérdida de peso.

El diagnóstico de los ampulomas puede realizarse mediante colangiopancreatografía retrógrada endoscópica, ecografía y TAC.

El tratamiento de los ampulomas se realiza mediante cirugía para extirpar el tumor, y de ser preciso, también zonas colindantes afectadas como el páncreas o el hígado.

A la cirugía se le podrá añadir tratamiento de quimioterapia o radioterapia posterior. 

Quistes de colédoco

Los quistes de colédoco son anomalías raras que consisten en una dilatación única o simple de los conductos biliares. Su prevalencia aumenta en torno a los 40 años de edad. 

Sus causas no están claras, pero se sospecha de una obstrucción del flujo de salida de la bilis o de una alteración de la unión de los conductos biliares y pancreático.

Los síntomas más frecuentes de los quistes de colédoco son el dolor abdominal y la presencia de masa palpable. 

Los principales métodos de diagnóstico de los quistes de colédoco son las pruebas de diagnóstico por imagen (ecografía abdominal, tomografía computarizada,  colangiopancreatografía retrograda endoscópica y resonancia magnética). El tratamiento consiste en la resección quirúrgica del quiste. 


Páncreas

El páncreas es un órgano del aparato digestivo y el sistema endocrino que se ubica en la cavidad abdominal, tras el estómago. El páncreas secreta al torrente sanguíneo hormonas como la insulina y también jugo pancreático al duodeno a través del conducto pancreático, contribuyendo a la descomposición de los alimentos. 

El páncreas está compuesto en varias partes, siendo estas la cabeza el cuerpo y la cola. 

La cabeza es la parte que se halla dentro de la concavidad del duodeno y que asciende oblicuamente a la izquierda.

El cuerpo es la parte que continúa posterior al estómago hacia la izquierda y asciende.

La cola es la parte que se halla en la zona intraperitoneal.

El páncreas puede padecer las afecciones siguientes:

Cáncer de páncreas (Cabeza, cuerpo y cola)

El cáncer de páncreas es un tipo de cáncer que se inicia en cualquier parte del tejido pancreático. Aunque su causa no está clara más allá de una posible mutación del ADN, existen algunos factores de riesgo como el tabaquismo, la diabetes, sufrir inflamación del páncreas, tener antecedentes familiares, obesidad o ser mayor de 65 años.

Aunque es asintomático hasta etapas avanzadas, sus síntomas pueden ser los siguientes:

● Dolor abdominal irradiado hacia la espalda.

● Pérdida de peso y/o del apetito.

● Ictericia.

● Heces claras y orina oscura.

● Diabetes diagnosticada recientemente, o diabetes más difícil de controlar.

● Picazón cutánea.

● Fatiga.

● Coágulos sanguíneos.

Su diagnóstico se realiza mediante pruebas de diagnóstico por imagen (ecografía, tomografía computarizada, resonancia magnética), así como por endoscopia y toma de biopsia. También pueden realizarse analíticas sanguíneas.

El tratamiento del cáncer de páncreas depende de la ubicación y la gravedad del tumor o tumores. 

Si el tumor se encuentra en la cabeza del páncreas se procederá quirúrgicamente para extirpar esta zona y las posibles zonas colindantes como el duodeno, la vesícula o las vías biliares). Este procedimiento se denomina procedimiento de Whipple.

Si el tumor se encuentra en la parte del cuerpo o la cola del páncreas se procederá a extraer el tumor y puede que también el bazo.

También puede extirparse todo el páncreas (pancreatectomía total), pero será necesaria la toma de insulina y enzimas de por vida. 

Todas las opciones tienen riesgo de sangrado e infección, sin embargo, es muy importante que el equipo médico tenga mucha experiencia para que la recuperación sea mucho mejor.

Tras la operación, se valorará la necesidad de neoadyuvancia mediante quimioterapia o radioterapia. 

Cáncer de páncreas resectable

El cáncer de páncreas resecable es aquél cáncer de páncreas en que por la localización y tamaño del tumor es posible su resección, es decir, extirpación, y no tiene afectación vascular.

Cáncer de páncreas borderline

Que un cáncer de páncreas pueda ser operado depende de que estructuras estén afectadas. Cerca de la cabeza del páncreas se hallan la arteria mesentérica y la vena mesentérica superior, que son las que aportan sangre a todo el intestino. 

La afectación de estas serán lo que definirán si el abordaje quirúrgico es posible de entrada o si antes de la operación será necesaria la realización de quimioterapia o incluso también radioterapia para disminuir el tamaño del tumor y asegurarnos de realizar una extirpación completa del tumor. 

Pancreatitis

La pancreatitis es como su nombre indica, una inflamación del páncreas. Dependiendo de si se da de forma puntual y de corta duración, o es de larga duración podemos hablar de pancreatitis aguda o por el contrario, pancreatitis crónica.

Esta inflamación se produce cuando las enzimas pancreáticas que son de ayuda en la síntesis de las sustancias, se activan aún estando en el páncreas, lo que irrita e inflama su tejido y puede causar problemas digestivos y diabetes.

Los factores de riesgo para que se produzca una inflamación pancreática son cirugía abdominal anterior, alcoholismo, fibrosis quística, cálculos biliares, paratiroides hiperactivas, altos niveles de calcio o triglicéridos en sangre, lesiones abdominales, cáncer de páncreas u obesidad.

Los síntomas de la pancreatitis dependerá de si es de tipo agudo o crónico. En el caso de la pancreatitis aguda encontramos los siguientes síntomas:

● Dolor abdominal en la región superior o que puede irradiar a la espalda. Puede empeorar tras las comidas.

● Fiebre.

● Pulso acelerado.

● Náuseas y/o vómitos.

● Sensibilidad al tacto.

Por otra parte, en la pancreatitis crónica encontramos estos síntomas:

● Dolor en la parte alta del abdomen.

● Heces aceitosas y de olor fétido (esteatorrea).

● Pérdida de peso involuntaria. 

El diagnóstico de la pancreatitis se realiza mediante analíticas de sangre y heces, y pruebas de diagnóstico por imagen (tomografía computarizada, ecografías abdominal y endoscópica y resonancia magnética).

El tratamiento dependerá del tipo de pancreatitis y de la causa que la origina. En los casos agudos se optará por ayuno, analgésicos y toma de líquidos intravenosos para dejar al páncreas recuperarse.

También se puede proceder por intervención quirúrgica. Si la causa de la pancreatitis ha sido la presencia de cálculos biliares, se procederá a realizar una colecistectomía, es decir, la extracción de la vesícula para evitar que se repitan.

En los casos de que el problema se halle en el páncreas, se optará por cirugía para drenar el líquido retenido o eliminar el tejido dañado.

En la pancreatitis crónica, que puede causar un dolor intenso constante, se tendrán en cuenta soluciones a más largo plazo. El equipo médico recetará fármacos para calmar el dolor, realizará ecografías endoscópicas o realizará una cirugía para bloquear los nervios que emiten impulsos al cerebro.

Asimismo, se podrán suplementar enzimas para mejorar la digestión y crear una dieta específica. De precisarse, también se tendrá en cuenta una terapia para el alcoholismo.

Pseudoquiste de páncreas 

El pseudoquiste pancreático es un saco lleno de líquido (y también puede contener enzimas, sangre y tejido pancreático) que se eleva desde el páncreas.

Suele producirse tras una pancreatitis grave o crónica, tras un traumatismo abdominal o tras el bloqueo o daño de los conductos pancreáticos, al no poder drenarse el interior del páncreas.

Los síntomas del pseudoquiste de páncreas son los siguientes: 

● Náuseas y vómitos.

● Distensión abdominal.

● Pérdida del apetito.

● Dificultad para digerir el alimento.

● Dolor constante y profundo en el abdomen que puede irradiar hacia la espalda.

Los pseudoquistes de páncreas pueden diagnosticarse mediante pruebas de diagnóstico por imagen (ultrasonido endoscópico, ecografía abdominal, resonancia magnética o tomografía computarizada).

En cuánto al tratamiento, este puede consistir en el drenaje del quiste mediante una punción percutánea, o por endoscopia. 

También se puede drenar quirúrgicamente mediante laparoscopia. 

Pancreatitis necrotizante

La pancreatitis necrosante o necrotizante se produce cuando una parte del tejido del páncreas padece necrosis, es decir, muere. La necrosis del parte del tejido pancreático puede producirse por inflamación o por lesión, pero también por otras causas. Entre otras causas posibles encontramos los tumores pancreáticos, altos niveles de grasas o calcio en la sangre, causa farmacológica o alcohol, enfermedades autoinmunes, afecciones hereditarias como la fibrosis quística o la presencia de cálculos biliares.

Los síntomas de la pancreatitis necrotizante pueden ser:

● Dolor estomacal gradual y repentino, de grado intenso y que puede irradiar a la espalda.

● Fiebre.

● Náuseas y/o vómitos.

● Deshidratación.

● Presión arterial baja.

● Inflamación abdominal.

Para diagnosticar la pancreatitis necrosante primero deberá existir un diagnóstico de pancreatitis aguda y valorar su gravedad. El diagnóstico se realizará mediante TAC.

El tratamiento consistirá en un primer momento en reposo, toma de líquidos intravenosos, analgésicos, fármacos para evitar los vómitos y alimentación nasogástrica. Todo esto se indica para dejar al páncreas recuperarse antes de extirpar el tejido muerto, que puede intervenirse mediante endoscopia. 

Tumor Papilar Mucinoso Intraducal (TPMI)

El tumor papilar mucinoso intraducal es una entidad que engloba una serie de lesiones de tipo papilar que producen moco en el conducto pancreático. También se denomina neoplasia papilar mucinosa por su capacidad para malignizarse. 

Su prevalencia es igual en ambos sexos pero es más frecuente a partir de la sexta o séptima década de vida.

El síntoma del tumor papilar mucinoso intraducal es el hallazgo de una pancreatitis aguda, con sus correspondientes síntomas.

El diagnóstico del TPMI se realiza mediante TAC abdominal, resonancia magnética y también pueden ser de utilidad la ecoendoscopia y la citología por punción. 

El tratamiento de este tumor será siempre quirúrgico, y dependiendo de su ubicación (cabeza, cuerpo, cola) y la extensión del tumor se producirá extirpación del tejido afectado o también de tejidos cercanos. 

Tumoración quística de páncreas

Los quistes pancreáticos son bolsas de líquido que se forman en el páncreas y que pueden ser neoplasias o no, es decir, pueden resultar malignos o ser benignos. Generalmente son asintomáticos, pero también pueden presentar síntomas como dolor abdominal persistente e irradiado, náuseas y/o vómitos, pérdida de peso y sensación de saciedad.

Sus causas son desconocidas, pero se valoran el origen genético, por pancreatitis o por traumatismos. Los cálculos biliares o el alcoholismo son factores de riesgo para su aparición. 

El diagnóstico de los quistes pancreáticos se realiza mediante exploración física unida a pruebas de diagnóstico por imagen tales como tomografía computarizada, resonancia magnética, ecografía endoscópica o colangiopancreatografía por resonancia magnética.

El tratamiento de los quistes dependerá de su gravedad y la sintomatología que producen. En casos leves y asintomáticos se podrá realizar seguimiento.

En casos con sintomatología se realizará un drenaje mediante endoscopia o un drenaje percutáneo.

En los casos en que exista riesgo de cáncer, se procederá a realizar cirugía para extirpar el quiste.

Tumor neuroendocrino de páncreas 

El tumor neuroendocrino de páncreas es un tipo raro de cáncer que comienza en el páncreas, concretamente en las células neuroendocrinas, que se asemejan a las células nerviosas y a las productoras de hormonas.

Las causas de un tumor neuroendocrino de páncreas no se conocen claramente pero se consideran como las más posibles las mutaciones del ADN adquiridas y las enfermedades genéticas hereditarias. Algunos factores de riesgo son el tabaquismo, el alcoholismo, los antecedentes familiares, la diabetes, la obesidad y la pancreatitis crónica.

El diagnóstico de los tumores neuroendocrinos de páncreas se puede realizar mediante las siguientes técnicas:

● Tomografía computarizada.

● Resonancia magnética.

● Ecografía abdominal o endoscópica.

● Colangiopancretografía.

● Analíticas de sangre y orina.

● Biopsia percutánea o endoscópica.

El tratamiento de los tumores neuroendocrinos de páncreas se puede realizar mediante diversos métodos.

En primer lugar encontramos la cirugía, que puede consistir en enucleación, extirpación solo del tumor, o pancreatéctomía, extirpación de parte o totalidad del páncreas.

También hallamos la ablación o embolización endoscópica, la terapia dirigida, la quimioterapia y la radioterapia y la toma de fármacos. 

Pancreatitis del surco

La pancreatitis del surco, o groove pancreatitis es una forma de pancreatitis crónica que se caracteriza por la presencia de fibras cicatriciales en el área del surco pancreatoduodenal (zona formado por la cabeza del páncreas, la tercera porción del duodeno y el colédoco).

Es una afección muy infrecuente con mayor prevalencia en varones de edad media, sobretodo aquellos con problemas de exceso de consumo de alcohol. El cuadro clínico de la pancreatitis del surco consiste en vómitos recurrentes, pérdida de peso y en algunas ocasiones también diarrea, diabetes e ictericia fluctuante. Algunas complicaciones pueden ser perforación y sangrado gastrointestinal. 

Para su diagnóstico son fundamentales las pruebas de diagnóstico por imagen como la tomografía computarizada o la resonancia magnética. En caso de dudas, también estaría indicada la realización de biopsia.

El tratamiento de este tipo de pancreatitis es conversador en un inicio, recetando analgésicos y solicitando la abstención del consumo de tabaco y alcohol. 

Si persisten los síntomas, será necesaria la intervención quirúrgica mediante  el procedimiento de Whipple o pancreatoduodenectomía, que consiste en la extirpación de la cabeza pancreática, el duodeno, la vesícula y vías biliares.

Páncreas divisum

El páncreas divisum es la anomalía congénita más frecuente en el páncreas. Consiste en que algunas partes del páncreas (concretamente los conductos pancreáticos), no logran fusionarse correctamente durante el desarrollo fetal. Por este conducto los líquidos y químicos digestivos, las enzimas, fluyen hacia el duodeno.

En esta afección, los líquidos producidos por el páncreas y provenientes de cada una de las partes del páncreas drena hacia dos partes separadas del duodeno, de ahí la denominación de divisum. Si se obstruye el conducto pancreático puede surgir pancreatitis al hincharse y dañarse el tejido.

Algunos síntomas del páncreas divisum son dolor abdominal superior e irradiado, distensión abdominal y náuseas y/o vómitos. 

El diagnóstico de esta afección se realiza mediante pruebas de diagnóstico por imagen como las siguientes:

● Ecografía abdominal.

● Tomografía computarizada abdominal.

● Analítica sanguínea para conocer los niveles de amilasa y lipasa.

● Colangiopanteografía endoscópica o por resonancia magnética.

● Ecografía endoscópica.

En lo referente al tratamiento de esta afección, podemos encontrar dos alternativas. La primera es una colangiopanteografía retrógrada endoscópica que realice un corte para agrandar el conducto pancreático.

Como segunda opción, hallamos la colocación de una prótesis, un stent, para impedir la obstrucción del conducto.

Síndrome de Wilkie (Pinza aortomeséntrica)

El Síndrome de Wilkie o Síndrome de la Arteria Mesentérica Superior (SAMS) es una afección muy infrecuente que consiste en la obstrucción parcial o completa del duodeno debido a la arteria meséntrica superior.

La arteria meséntrica superior es la arteria del intestino medio, que irriga el duodeno, el yeyuno, el íleon, el colon ascendente y el transverso. Nace de la aorta abdominal y emite ramas que también irrigan el páncreas y el duodeno.

Su prevalencia es mayor en mujeres y en edades entre los 10 y los 30 años. Entre sus causas podemos encontrar cirugías de la columna vertebral, defectos congénitos, traumatismos, trastornos de la alimentación o compresión del tronco celíaco.

Los síntomas del Síndrome de Wilkie son inespecíficos, sin embargo, algunos síntomas frecuentes de esta patología son los siguientes:

● Náuseas y/o vómitos.

● Pérdida de peso.

● Saciedad precoz.

● Distensión abdominal.

● Dolor abdominal.

● Obstrucción intestinal.

El diagnóstico del Síndrome de Wilkie se realiza fundamentalmente mediante técnicas de diagnóstico por imagen tales como radiografías, ultrasonidos, arteriografías o tomografías computarizadas.

El tratamiento de este síndrome puede ser no invasivo o invasivo. El tratamiento invasivo consistirá en la mejora del estado nutricional del paciente y terapia postural.

El tratamiento invasivo consistirá en cirugía, que puede ser abierta o laparoscópica.


Equipo médico de Cirugía Hepatobiliopancreática 

El equipo de cirugía hepatobiliopancreática está formado por:

El Dr. Cesar Ginestà i Martí, cuyo nombre está relacionado con la clínica HM Delfos desde su creación, puesto que la fundación de esta clínica reside en esta familia, es Director de Cirugía General y Digestiva de HM Delfos. Es especialista en cirugía de esófago, gástrica, colorrectal, de la pared abdominal, endocrina y hepatobiliopancreática.

Además, es especialista senior de Cirugía General y Digestiva en el Hospital Clínic de Barcelona.

El Dr. Sánchez Cabús es especialista en cirugía pancreática y cuenta con amplia experiencia en trasplante hepático y pancreático en el Hospital Clínic. Actualmente es responsable de cirugía hepatobiliopancreática en el Hospital de Sant Pau de Barcelona.

El Dr. Molina es especialista en cirugía pancreática y cuenta con amplia experiencia en trasplante hepático y pancreático en el Hospital Clínic. Actualmente es responsable de cirugía hepatica en el Hospital de Sant Pau de Barcelona.

El Dr. Luis Tresierra es Adjunto de HM Delfos y especialista en cirugía hepatobiliopancreática.


¿Por qué realizarse una Cirugía hepatobiliopancreática en HM Delfos?

En HM Delfos nos diferenciamos de otros equipos médicos por la valoración específica y profunda de cada caso y la atención nuestros pacientes:

Valoración personalizada

Valoramos cada caso de forma específica, realizando la valoración prequirúrgica de cada caso planteado, y realizando una discusión en el comité específico de cada patología.

Seguimiento 24/365

Visitamos y realizamos seguimientos a nuestros pacientes de forma presencial o telefónica, incluso en fines de semana y festivos, estando disponibles para el tratamiento de cualquier complicación en el momento en que ocurre. Estamos disponibles las 24 horas, los 365 días.

Equipo especializado en cirugía de hepatobiliopancreática

Trabajamos con equipos especializados de cirujanos y especialistas. 

Pruebas diagnósticas innovadoras

Solicitamos gran cantidad y variedad de las más innovadoras pruebas diagnósticas y trabajamos con la última tecnología, además de apostar por técnicas conservadoras. 

Soporte con neoadyuvancia

Tras los tratamientos, damos soporte con neoadyuvancia, tratamientos de apoyo, en los casos que lo precisen, y realizamos seguimientos por parte de todos los equipos. 


Preguntas frecuentes sobre Cirugía Hepatobiliopancreática

> Descubre más información sobre nuestro Servicio de Cirugía General y Aparato Digestivo HM Delfos



 Cirugía Hepatobiliopancreática HM Delfos

  • Teléfono: 93 254 50 50
  • Horario: 

> Lunes a jueves: 08:00-19:00h

> Viernes: 8:00-15:00h



Preguntas frecuentes



¿Qué es la porta?

​La porta es una vena muy gruesa que transporta sangre desde el intestino y el bazo hacia el hígado. 

¿Qué son los ganglios?

​Los ganglios linfáticos son glándulas que se encargan del filtrado de las sustancias que el líquido linfático o linfa transporta y contienen glóbulos blancos que contribuyen a combatir infecciones y otras enfermedades. Los ganglios linfáticos situados a lo largo del cuerpo se conectan entre sí mediante los vasos linfáticos. 

¿Qué es la ictericia?

​Se denomina ictericia a la coloración amarillenta de la piel y las mucosas que se produce a causa de un aumento de la bilirrubina en la sangre. 

¿Por qué me pongo amarillo?

​Ponerse amarillo, o sufrir ictericia es normalmente un signo de que existe un problema hepático, la vesícula biliar o el páncreas. Esto se produce por la acumulación de bilirrubina, un pigmento biliar de color amarillo que resulta de la degradación de los glóbulos rojos. 

¿Por qué me pica la piel?

​El picor en la piel suele producirse por la producción de histamina por parte de los mastocitos. Una causa puede ser que el hígado no tenga suficiente capacidad depurativa, por lo que el cuerpo busca vías alternativas para abordar este problema. 

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